Lo vi, a él, T.J.
Thyne, el actor que interpretaba al Dr.
Hodgins en una de mis series favoritas, Bones.
Me lo quedé mirando unos segundos, no me lo creía. Realmente era él. Esto se lo
tendría que contar a Lucas, a papá y a mis amigas. Cuando salía de la tienda lo
miré embobada, él se dio cuenta y se giró al ver que le estaba mirando sin disimular
en absoluto. Solté rápidamente las bolsas y le pedí si me podía hacer una foto
con él. Él, muy amable, aceptó, estuvimos un rato hablando hasta que le dije
que me tenía que ir y le di las gracias por pararse a hacerse la foto.
-Es un placer, siempre se debe ser amable con las
fans. –dijo sonriéndome.-¡Jeje! Perdona, se me olvidaba, ¿Podrías firmarle un
autógrafo a mi hermano? Es un gran admirador de la serie y tuyo. –pedí
amablemente.
-¡Claro! ¿Cómo se llama tu hermano? –preguntó
interesado.
-Pon para Lucas. –contesté sonriendo.
Lo firmó encantado, nos despedimos y me marché de
vuelta con las bolsas al apartamento. Llegué corriendo y emocionada, deseando
contarle a Lucas lo que me acababa de ocurrir.
-¡Luuuucas! ¿Dónde estás?
–gritaba con ilusión.
-Estoy aquí, Júlia. ¿Quieres
algo? –preguntó saliendo de su habitación relajado.
-¡¿A qué no sabes a quién me
he encontrado en un supermercado kosher?!
–exclamé yo.
-No, ¿A quién? –preguntó
mostrando cierto interés.
-A… T.J. Thyne –exclamé con
alegría, pero me di cuenta de que Lucas no se sabía sus nombres. –
¡Al Dr.
Hodgins, de Bones!
-Ah…sí, ya sé quién es
–Lucas me miró atónito. –Júlia, Júlia, no se dicen mentiras.
-¡Es cierto, y tengo
pruebas! –dije aparentando estar ofendida.
Rebusqué con rapidez en mi
bolso, buscaba mi móvil y la hoja de la libreta que había firmado el actor para
Lucas. Lo encontré y se lo di:
-Toma. –dije dándole el
móvil con la foto en la que salíamos el actor y yo sonriendo.
-No me lo puedo creer. –dijo
atónito. –No es justo, ¿Por qué no he ido yo a comprar? –expresó hablando solo.
-Ja-ja, porqué eres un lento
y un vago. –le dije burlándome de él. –Y por cierto, no creas que me he
olvidado de ti. –le di la libreta en la que el actor de Bones, había firmado el autógrafo.
Lucas lo leyó en silencio y
luego me dio un “abrazo de oso”, es así como él los llama.
-Muchísimas gracias, Júlia.
Te quiero tonta. –dijo despeinándome y abrazándome fuertemente de nuevo.
-¡Yo a ti no! –bromeé
mientras le tiraba una almohada a la cara.
-¿Qué acabas de hacer? –dijo
haciendo el tonto.
-Esto. –dije volviendo a
darle con la almohada en toda la cara y riéndome a carcajadas.
-¡Te vas a enterar Júlia!
–exclamó haciéndome cosquillas, cosas que me provocaba una risa inmediata.
-¡No, por favor, para!
–gritaba riendo sin parar.
-Jaja, ¡No! Es la venganza
por darme con una almohada en la cara y decir mentiras. –explicó él también
riendo.
Estuvimos unos 10 minutos
haciendo el tonto, riéndonos, en fin… lo que hacíamos todos los días. A las
11.30 de la mañana, decidimos salir del apartamento para ir a visitar algún
museo, o monumento o algo.
-¿Qué tienes pensado para
hoy Júlia? –me preguntó mi hermano.
-He pensado que hoy
podríamos ir a ver Chinatown o Little Italy. Hoy es un poco tarde para
ir a algún museo. –expliqué consultando mi guía de Nueva York.
-Vamos, aquí cerca está la
parada del metro. Prefiero ir a ver hoy Chinatown.
Así comemos por allí y pensamos que hacer esta tarde. -afirmó Lucas con
decisión.
Bajamos un par de calles y
llegamos a la parada de metro más cercana. Sacamos unas tarjetas llamadas Metrocard y nos subimos al metro de Nueva
York. Tras unos diez largos minutos de recorrido bajamos del metro y salimos a
la calle. Lucas, cómo no, iba fotografiando todo con su maravillosa cámara de
profesional. Estuvimos dando un paseo observando curiosamente a la gente que
vivía por allí, a los que paseaban o a los chinos que vendían cosas de mala
calidad. Comimos en un restaurante que nos habían recomendado se llamaba Dim Sum Go Go. Después nos dirigimos al Museo de los Chinos de Nueva York,
después visitamos el Mayahana Buddist
Temple y finalmente nos compramos unos tés en el Ten Ren, que estaban deliciosos. Estuvimos un rato más paseando y nos
sentamos en un banco a comernos unas extrañas frutas de las que no recuerdo su
nombre. De repente vi a un chico saliendo de unos matorrales, parecía estar
buscando algo o mejor dicho, a alguien. Me quedé mirándole fijamente,
embobándome sin darme cuenta.
-¡Júlia, Júlia! –dijo Lucas
dándome codazos. – ¿Qué miras pillina? Te has quedado embobada mirando a ese
chaval.
-¿Qué? ¡No!, para nada…
-contesté ruborizándome.
-Ya, claro… No pasa nada…
-insinuó mi hermano con mirada pícara.
-Oye, que sólo me ha
parecido raro que saliese de esos matorrales. Además, a mí que más me da lo que
le pase a ese chico. –mentí ligeramente.
-¿Sólo te ha parecido raro?
–dijo de nuevo insinuando lo que los dos ya sabíamos. –Es guapo, eh?
-Jeje, sí… ¡Digo no! ¿¡Cómo
me va a parecer guapo!? ¿Te has fijado en lo raro que lleva el pelo? –volví a
mentir. Sí, me había fijado en lo guapo que era el chico, con sus preciosos
ojos verdes-grisáceos y su despeinado pelo color castaño oscuro. –Lucas no me
mires así que ni siquiera sé su nombre.
-Bueno pero eso se puede
arreglar, ¿o no? -replicó él levantándose del banco y acercándose a ese chico.
-¡Oye, Lucas! Para, vuelve
aquí ahora mismo… ¿Qué piensas hacer? –pregunté sabiendo perfectamente la
respuesta.
Me oyó perfectamente pero
prefirió no hacerme caso y seguir avanzando hacia el chico. Me rendí y esperé a
ver cómo me iba a avergonzar esta vez. Vi a mi hermano acercándose al chico, no
pude oír lo que decían pero me fijé en que se estaban riendo. A saber de lo que
estaban hablando esos dos… Sin darme casi cuenta, Lucas y el chico, estaban
delante de mí con una sonrisita en la cara.
-William te presento a
Juliette, mi hermana. –dijo dirigiéndose a él y después a mi. –Juliette, él es
William.
-Encantada de conocerte pero
me llamo Júlia. –corregí a Lucas sonriendo estrechando la mano de William.
-Igualmente, llámame Will.
–respondió él con una enorme sonrisa. De nuevo no pude evitar mirar sus
preciosos ojos verdes-grisáceos y los hoyuelos que se formaban en su rostro
cada vez que sonreía. –Y bueno, ¿Te llamas Júlia o Juliette? –preguntó
intentando sacar un tema de conversación conmigo ya que yo estaba bastante
parada, sólo le miraba sonriendo y asentía.
-Me llamo Júlia pero a mi
querido hermanito le encanta hacerme rabiar y llamarme Juliette. –dije hablando
ya más fluidamente.
-¿Y a qué se debe que te
llame Juliette? –dijo con cierto interés.
-Pues, cuando éramos
pequeños, Lucas y yo veíamos una serie por la televisión en la que salía una
chica heroína llamada Juliette. Me encantaba y siempre decía que yo era esa
chica. Desde ese momento a Lucas de vez en cuando le da por llamarme así.
–expliqué riéndome y recordando aquellos días en los que jugábamos a ser
superhéroes y supervillanos.
-Jajaja, ¡Es una historia
bastante curiosa! –dijo riéndose de lo que acababa de explicar. -¿Sois
neoyorquinos? Tenéis un extraño acento… -preguntó de nuevo.
-No, jeje. Somos españoles,
concretamente de Barcelona. –respondió Lucas. -¿Y tú eres de aquí?
-¡Guau! ¿En serio? Siempre
he querido visitar España, las playas y la comida dicen que son buenísimas. Yo
nací en California, en San Diego pero me mudé aquí con cinco años o así y me
considero de Nueva York. –explicó Will.
-Así que conocerás a la
perfección la ciudad, ¿no? –dije yo con esa sonrisita tonta imborrable.
-Efectivamente, ¿Lleváis
mucho tiempo aquí? –el juego de las preguntas continuaba. -¿Qué os parece la
ciudad?
-Jaja, no. Llegamos ayer por
la tarde. A mí me encanta, nunca había visto un lugar tan interesante.
-Me alegro de os guste.
–dijo con su encantadora sonrisa. –Si necesitáis consejo o indicaciones sobre
la Nueva York, sólo tenéis que preguntar.
-La verdad, no nos iría nada
mal un guía turístico. –rió Lucas.
-¡Cierto! –afirmé yo
entusiasmada. Sí que lo necesitábamos, estábamos un pelín perdidos en esta enorme
ciudad.
-Si queréis yo puedo haceros
tours por toda la ciudad durante el tiempo que estés. –dijo Will rascándose la
nuca.
-Sí, supongo que el dinero
no supondrá ningún problema. –aclaró Lucas.
-Vaya… ¡Muchas gracias! La
verdad, el dinero no me iría nada mal. Lo necesito para pagarme la universidad
y mis padres no tienen presupuesto. –dijo tímido y cabizbajo.
-Por eso no te preocupes,
¿Empezamos mañana por la mañana? –pregunté ilusionada.
-¡Por supuesto! Pasaré a
recogeros y... –expresó Will con su sonrisa de antes. –Necesitaré la dirección,
¿Qué hotel es?
-No, nos alojamos en unos
apartamentos llamados Kore 92. –le
contestó Lucas a Will.
-De acuerdo, mañana sobre
las 9.30 nos vemos. –dijo Will.
Nos dimos los teléfonos y
nos despedimos hasta el día siguiente. De camino al apartamento, Lucas no paró
ni un minuto de hacer preguntas y de hablar.
-¡Eres un pesado Lucas! ¿Te
lo había dicho alguna vez? –le espeté tras 15 largos minutos de preguntas
tontas.
-Todos los días de mi
vida... –dijo con una sonrisilla. –Te lo preguntaré por última vez, ¿Qué te
parece Will?
-Otra vez… Me parece un
chico muy majo y amable por ofrecerse a hacernos de guía pero nada más. –dije
con un tono un poco enfadado.
-Pero, ¿A qué te gusta?
–pregunto pícaro. -¿Aunque sea sólo un poco? –me ruboricé un poco pero no
estaba dispuesta a admitir nada y menos al cotilla de mi hermano.
-No me gusta, nada. –resoplé
harta de sus pesadas preguntas. –Te lo repito por última vez.
Sólo-me-parece-un-chico-majo. –le dije hablando lentamente.
Después de esas últimas
palabras, mi hermano dejó de preguntar; pero no parecía demasiado convencido
con mi respuesta. Bueno, me daba igual lo que pensara. Llegamos al apartamento
a las 8.30 de la tarde o así, nos dimos una ducha y preparamos la cena juntos.
Me encantaba cocinar y más con mi hermano ya que siempre terminábamos peleando
con los ingredientes como niños pequeños. Efectivamente, eso fue lo que pasó.
Pero esta vez, fui yo la que empezó la guerra. Cocinábamos tortilla de patatas,
uno de los platos favoritos de Lucas, y cuando se giró para coger la sal, cogí
un huevo y se lo estampé en su bonito pelo oscuro.
-¡¿Pero bueno yo que te he
hecho para que me ensucies mi pelo?! –me gritó de broma mientras yo no podía
parar de reír al ver su cara por la que chorreaba clara de huevo.
-Jajaja, esto te pasa por
hacerme pasar vergüenza esta tarde con Will. –le espeté aun riendo.
-¿Vergüenza? Pero si debes
de estar agradeciéndome en tu mente que te lo haya presentado… -contestó mi
hermano tirándome harina a la cara.
-De eso nada… El único que
piensa que me encanta haberlo conocido eres tú. –mentí dándole ahora con un
cojín.
Nuestra discusión-pelea de
alimentos continuó durante una media hora más. Al final, terminamos tan
manchados de todo tipo de comida que decidimos volver a ducharnos rápidamente y
bajar a comer una hamburguesa a un McDonald’s
cercano que había por el barrio. Yo pedí un Happy Meal y Lucas una hamburguesa con queso. Sí, a pesar de estar
a punto de cumplir 18 años me seguía encantando comer el menú infantil. Era mi
comida favorita del McDonald’s.
Cuando terminamos de cenar, regresamos al apartamento y nos fuimos a dormir
pronto. Hoy había sido un día muy largo y mañana sería un día aún más
emocionante.
mira qué bien! Júlia ya tiene su love, ahora le toca a Lucas!
ResponderEliminar¡Por supuesto que sí!
EliminarGracias por comentar :)
holaa, cuando vas a poner el siguiente, se te da muy bien, bss
ResponderEliminarIntentaré ponerlo entre hoy y mañana.¡Muchísimas gracias por comentar!
EliminarBesos :D