viernes, 6 de julio de 2012

Capítulo 3 Conociendo a gente nueva.


Lo vi, a él, T.J. Thyne, el actor que interpretaba al Dr. Hodgins en una de mis series favoritas, Bones. Me lo quedé mirando unos segundos, no me lo creía. Realmente era él. Esto se lo tendría que contar a Lucas, a papá y a mis amigas. Cuando salía de la tienda lo miré embobada, él se dio cuenta y se giró al ver que le estaba mirando sin disimular en absoluto. Solté rápidamente las bolsas y le pedí si me podía hacer una foto con él. Él, muy amable, aceptó, estuvimos un rato hablando hasta que le dije que me tenía que ir y le di las gracias por pararse a hacerse la foto.

-Es un placer, siempre se debe ser amable con las fans. –dijo sonriéndome.-¡Jeje! Perdona, se me olvidaba, ¿Podrías firmarle un autógrafo a mi hermano? Es un gran admirador de la serie y tuyo. –pedí amablemente.

-¡Claro! ¿Cómo se llama tu hermano? –preguntó interesado.

-Pon para Lucas. –contesté sonriendo.

Lo firmó encantado, nos despedimos y me marché de vuelta con las bolsas al apartamento. Llegué corriendo y emocionada, deseando contarle a Lucas lo que me acababa de ocurrir.

-¡Luuuucas! ¿Dónde estás? –gritaba con ilusión.

-Estoy aquí, Júlia. ¿Quieres algo? –preguntó saliendo de su habitación relajado.

-¡¿A qué no sabes a quién me he encontrado en un supermercado kosher?! –exclamé yo.

-No, ¿A quién? –preguntó mostrando cierto interés.

-A… T.J. Thyne –exclamé con alegría, pero me di cuenta de que Lucas no se sabía sus nombres. – 
¡Al Dr. Hodgins, de Bones!

-Ah…sí, ya sé quién es –Lucas me miró atónito. –Júlia, Júlia, no se dicen mentiras.

-¡Es cierto, y tengo pruebas! –dije aparentando estar ofendida.

Rebusqué con rapidez en mi bolso, buscaba mi móvil y la hoja de la libreta que había firmado el actor para Lucas. Lo encontré y se lo di:

-Toma. –dije dándole el móvil con la foto en la que salíamos el actor y yo sonriendo.

-No me lo puedo creer. –dijo atónito. –No es justo, ¿Por qué no he ido yo a comprar? –expresó hablando solo.

-Ja-ja, porqué eres un lento y un vago. –le dije burlándome de él. –Y por cierto, no creas que me he olvidado de ti. –le di la libreta en la que el actor de Bones, había firmado el autógrafo.

Lucas lo leyó en silencio y luego me dio un “abrazo de oso”, es así como él los llama.

-Muchísimas gracias, Júlia. Te quiero tonta. –dijo despeinándome y abrazándome fuertemente de nuevo.

-¡Yo a ti no! –bromeé mientras le tiraba una almohada a la cara.

-¿Qué acabas de hacer? –dijo haciendo el tonto.

-Esto. –dije volviendo a darle con la almohada en toda la cara y riéndome a carcajadas.

-¡Te vas a enterar Júlia! –exclamó haciéndome cosquillas, cosas que me provocaba una risa inmediata.

-¡No, por favor, para! –gritaba riendo sin parar.

-Jaja, ¡No! Es la venganza por darme con una almohada en la cara y decir mentiras. –explicó él también riendo.

Estuvimos unos 10 minutos haciendo el tonto, riéndonos, en fin… lo que hacíamos todos los días. A las 11.30 de la mañana, decidimos salir del apartamento para ir a visitar algún museo, o monumento o algo.

-¿Qué tienes pensado para hoy Júlia? –me preguntó mi hermano.

-He pensado que hoy podríamos ir a ver Chinatown o Little Italy. Hoy es un poco tarde para ir a algún museo. –expliqué consultando mi guía de Nueva York.

-Vamos, aquí cerca está la parada del metro. Prefiero ir a ver hoy Chinatown. Así comemos por allí y pensamos que hacer esta tarde. -afirmó Lucas con decisión.

Bajamos un par de calles y llegamos a la parada de metro más cercana. Sacamos unas tarjetas llamadas Metrocard y nos subimos al metro de Nueva York. Tras unos diez largos minutos de recorrido bajamos del metro y salimos a la calle. Lucas, cómo no, iba fotografiando todo con su maravillosa cámara de profesional. Estuvimos dando un paseo observando curiosamente a la gente que vivía por allí, a los que paseaban o a los chinos que vendían cosas de mala calidad. Comimos en un restaurante que nos habían recomendado se llamaba Dim Sum Go Go. Después nos dirigimos al Museo de los Chinos de Nueva York, después visitamos el Mayahana Buddist Temple y finalmente nos compramos unos tés en el Ten Ren, que estaban deliciosos. Estuvimos un rato más paseando y nos sentamos en un banco a comernos unas extrañas frutas de las que no recuerdo su nombre. De repente vi a un chico saliendo de unos matorrales, parecía estar buscando algo o mejor dicho, a alguien. Me quedé mirándole fijamente, embobándome sin darme cuenta.

-¡Júlia, Júlia! –dijo Lucas dándome codazos. – ¿Qué miras pillina? Te has quedado embobada mirando a ese chaval.

-¿Qué? ¡No!, para nada… -contesté ruborizándome.

-Ya, claro… No pasa nada… -insinuó mi hermano con mirada pícara.

-Oye, que sólo me ha parecido raro que saliese de esos matorrales. Además, a mí que más me da lo que le pase a ese chico. –mentí ligeramente.

-¿Sólo te ha parecido raro? –dijo de nuevo insinuando lo que los dos ya sabíamos. –Es guapo, eh?

-Jeje, sí… ¡Digo no! ¿¡Cómo me va a parecer guapo!? ¿Te has fijado en lo raro que lleva el pelo? –volví a mentir. Sí, me había fijado en lo guapo que era el chico, con sus preciosos ojos verdes-grisáceos y su despeinado pelo color castaño oscuro. –Lucas no me mires así que ni siquiera sé su nombre.

-Bueno pero eso se puede arreglar, ¿o no? -replicó él levantándose del banco y acercándose a ese chico.

-¡Oye, Lucas! Para, vuelve aquí ahora mismo… ¿Qué piensas hacer? –pregunté sabiendo perfectamente la respuesta.

Me oyó perfectamente pero prefirió no hacerme caso y seguir avanzando hacia el chico. Me rendí y esperé a ver cómo me iba a avergonzar esta vez. Vi a mi hermano acercándose al chico, no pude oír lo que decían pero me fijé en que se estaban riendo. A saber de lo que estaban hablando esos dos… Sin darme casi cuenta, Lucas y el chico, estaban delante de mí con una sonrisita en la cara.

-William te presento a Juliette, mi hermana. –dijo dirigiéndose a él y después a mi. –Juliette, él es William.

-Encantada de conocerte pero me llamo Júlia. –corregí a Lucas sonriendo estrechando la mano de William.

-Igualmente, llámame Will. –respondió él con una enorme sonrisa. De nuevo no pude evitar mirar sus preciosos ojos verdes-grisáceos y los hoyuelos que se formaban en su rostro cada vez que sonreía. –Y bueno, ¿Te llamas Júlia o Juliette? –preguntó intentando sacar un tema de conversación conmigo ya que yo estaba bastante parada, sólo le miraba sonriendo y asentía.

-Me llamo Júlia pero a mi querido hermanito le encanta hacerme rabiar y llamarme Juliette. –dije hablando ya más fluidamente.

-¿Y a qué se debe que te llame Juliette? –dijo con cierto interés.

-Pues, cuando éramos pequeños, Lucas y yo veíamos una serie por la televisión en la que salía una chica heroína llamada Juliette. Me encantaba y siempre decía que yo era esa chica. Desde ese momento a Lucas de vez en cuando le da por llamarme así. –expliqué riéndome y recordando aquellos días en los que jugábamos a ser superhéroes y supervillanos.

-Jajaja, ¡Es una historia bastante curiosa! –dijo riéndose de lo que acababa de explicar. -¿Sois neoyorquinos? Tenéis un extraño acento… -preguntó de nuevo.

-No, jeje. Somos españoles, concretamente de Barcelona. –respondió Lucas. -¿Y tú eres de aquí?

-¡Guau! ¿En serio? Siempre he querido visitar España, las playas y la comida dicen que son buenísimas. Yo nací en California, en San Diego pero me mudé aquí con cinco años o así y me considero de Nueva York. –explicó Will.

-Así que conocerás a la perfección la ciudad, ¿no? –dije yo con esa sonrisita tonta imborrable.

-Efectivamente, ¿Lleváis mucho tiempo aquí? –el juego de las preguntas continuaba. -¿Qué os parece la ciudad?

-Jaja, no. Llegamos ayer por la tarde. A mí me encanta, nunca había visto un lugar tan interesante.

-Me alegro de os guste. –dijo con su encantadora sonrisa. –Si necesitáis consejo o indicaciones sobre la Nueva York, sólo tenéis que preguntar.

-La verdad, no nos iría nada mal un guía turístico. –rió Lucas.

-¡Cierto! –afirmé yo entusiasmada. Sí que lo necesitábamos, estábamos un pelín perdidos en esta enorme ciudad.

-Si queréis yo puedo haceros tours por toda la ciudad durante el tiempo que estés. –dijo Will rascándose la nuca.

-Sí, supongo que el dinero no supondrá ningún problema. –aclaró Lucas.

-Vaya… ¡Muchas gracias! La verdad, el dinero no me iría nada mal. Lo necesito para pagarme la universidad y mis padres no tienen presupuesto. –dijo tímido y cabizbajo.

-Por eso no te preocupes, ¿Empezamos mañana por la mañana? –pregunté ilusionada.

-¡Por supuesto! Pasaré a recogeros y... –expresó Will con su sonrisa de antes. –Necesitaré la dirección, ¿Qué hotel es?

-No, nos alojamos en unos apartamentos llamados Kore 92. –le contestó Lucas a Will.

-De acuerdo, mañana sobre las 9.30 nos vemos. –dijo Will.
Nos dimos los teléfonos y nos despedimos hasta el día siguiente. De camino al apartamento, Lucas no paró ni un minuto de hacer preguntas y de hablar.

-¡Eres un pesado Lucas! ¿Te lo había dicho alguna vez? –le espeté tras 15 largos minutos de preguntas tontas.

-Todos los días de mi vida... –dijo con una sonrisilla. –Te lo preguntaré por última vez, ¿Qué te parece Will?

-Otra vez… Me parece un chico muy majo y amable por ofrecerse a hacernos de guía pero nada más. –dije con un tono un poco enfadado.

-Pero, ¿A qué te gusta? –pregunto pícaro. -¿Aunque sea sólo un poco? –me ruboricé un poco pero no estaba dispuesta a admitir nada y menos al cotilla de mi hermano.

-No me gusta, nada. –resoplé harta de sus pesadas preguntas. –Te lo repito por última vez. Sólo-me-parece-un-chico-majo. –le dije hablando lentamente.

Después de esas últimas palabras, mi hermano dejó de preguntar; pero no parecía demasiado convencido con mi respuesta. Bueno, me daba igual lo que pensara. Llegamos al apartamento a las 8.30 de la tarde o así, nos dimos una ducha y preparamos la cena juntos. Me encantaba cocinar y más con mi hermano ya que siempre terminábamos peleando con los ingredientes como niños pequeños. Efectivamente, eso fue lo que pasó. Pero esta vez, fui yo la que empezó la guerra. Cocinábamos tortilla de patatas, uno de los platos favoritos de Lucas, y cuando se giró para coger la sal, cogí un huevo y se lo estampé en su bonito pelo oscuro.

-¡¿Pero bueno yo que te he hecho para que me ensucies mi pelo?! –me gritó de broma mientras yo no podía parar de reír al ver su cara por la que chorreaba clara de huevo.

-Jajaja, esto te pasa por hacerme pasar vergüenza esta tarde con Will. –le espeté aun riendo.

-¿Vergüenza? Pero si debes de estar agradeciéndome en tu mente que te lo haya presentado… -contestó mi hermano tirándome harina a la cara.

-De eso nada… El único que piensa que me encanta haberlo conocido eres tú. –mentí dándole ahora con un cojín.

Nuestra discusión-pelea de alimentos continuó durante una media hora más. Al final, terminamos tan manchados de todo tipo de comida que decidimos volver a ducharnos rápidamente y bajar a comer una hamburguesa a un McDonald’s cercano que había por el barrio. Yo pedí un Happy Meal y Lucas una hamburguesa con queso. Sí, a pesar de estar a punto de cumplir 18 años me seguía encantando comer el menú infantil. Era mi comida favorita del McDonald’s. Cuando terminamos de cenar, regresamos al apartamento y nos fuimos a dormir pronto. Hoy había sido un día muy largo y mañana sería un día aún más emocionante. 

4 comentarios:

  1. mira qué bien! Júlia ya tiene su love, ahora le toca a Lucas!

    ResponderEliminar
  2. holaa, cuando vas a poner el siguiente, se te da muy bien, bss

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Intentaré ponerlo entre hoy y mañana.¡Muchísimas gracias por comentar!
      Besos :D

      Eliminar