jueves, 5 de julio de 2012

Capítulo 2 Sorpresas


Eran alrededor de las 7 o las 8 cuando llegamos a las oficinas del apartamento llamado Kore 92 cuando nos dijeron que habían tenido un problema y aún no estaba listo para poder alojarnos:

-Les pedimos disculpas señores Gómez, hemos tenido un problema con los anteriores inquilinos de su apartamento y hasta mañana por la mañana no se van a poder instalar en los apartamentos. Les rogamos que vuelvan mañana a las 10 o así, que ya estarán completamente preparados. –dijo un señor bajito, vestido con un traje formal y gafas rectangulares negras.

-¿Qué? ¿Y ahora donde se supone que vamos a dormir esta noche? –le espetó Lucas enfadado.

-Lucas, tranquilízate. Estos señores no tienen la culpa, ya verás cómo encontramos algo. –dije intentando que se calmara aunque yo también estaba enfadada.

-Señores hay un hotel llamado Beacon cerca de aquí, está realmente muy bien. Nosotros no les podemos pagar el alojamiento de una noche en el hotel pero sí que les podemos descontar una noche de su estancia en nuestros apartamentos. –explicó el señor de las oficinas.

-Gracias por atendernos, nos pasaremos mañana pronto. –dije en el tono más educado y amable que pude.

-Les pido disculpas de nuevo en nombre de los apartamentos Kore 92. –volvió a disculparse el hombre de traje elegante.

Lucas y yo nos marchamos al Hotel Beacon, el que nos había recomendado el señor de los apartamentos. Me sorprendió muchísimo lo bonito que era el hotel por fuera, era un edificio altísimo, parecía muy elegante. Estaba situado en la calle Broadway, en el número 2130, en un barrio precioso y muy seguro, Midtown Skyport. Daba buena impresión desde fuera y cuando entramos dentro aún fue mejor.

-¡Guau! Esto es increíble –exclamó Lucas, que rápidamente sacó su cámara Nikon de la funda y empezó a fotografiar el vestíbulo.

Estaba decorado elegantemente: con butacas de tonos ocres y verdosos, y jarrones con flores rojas y blancas encima de mesitas. Me dirigí apresuradamente a recepción para probar suerte a ver si quedaba una habitación libre.

-¡Buenas tardes señorita! ¿Tiene usted una reserva? –preguntó animadamente el recepcionista.

-¡Buenas tardes! No, no tenemos y me gustaría saber si aún quedan habitaciones libres. –dije en tono cortés.

-Por supuesto que sí, ¿Cuántas habitaciones serán? –preguntó él.

-Una habitación, si puede ser doble. –respondí yo.

-Déjeme consultarlo…Veamos, ejem. Sí, aún nos quedan siete habitaciones libres. –explicó el recepcionista. –Serán 194’82$. Y ahora necesitaré que me dé sus datos personales y me enseñe identificación. Dígame vuestros nombres y apellidos, necesitaré una fotocopia de su identificación. –era caro pero no teníamos más opciones, debíamos reservar ya una habitación.

-Em, claro… Júlia Gómez y Lucas Gómez. –respondí intentando que entendiera nuestros nombres españoles. Fotocopió nuestros pasaportes españoles y nos deseó buena estancia en el hotel. 

Pagamos todo lo necesario y a continuación nos dieron las llaves de nuestra habitación. Subimos a la habitación y nos dimos una ducha. Estábamos reventados de cansancio, pero quisimos ir a dar un paseo nocturno por el barrio. Era un lugar muy agradable, bastante silencioso y sobretodo bonito.
Fuimos a lo largo de la calle Broadway y cenamos en un restaurante italiano bastante bueno. Pedimos algo de pasta y unas ensaladas, todo estaba delicioso. Seguimos dando un paseo tranquilamente por las callejuelas y regresamos al hotel. A mí la habitación me encantaba, era muy cómoda y acogedora. Las paredes de la habitación estaban pintadas de un tono verde claro apagado, la cama y los demás muebles también estaban decorados a juegos. Pensé en llamar a mis padres pero recordé que allí en Barcelona eran 6 o 7 horas menos y que no sería oportuno llamar a esas horas de la madrugada. Lucas y yo estuvimos un rato viendo la televisión y charlando.  Hacia las 11 o así de la noche nos metimos en la cama y nos quedamos dormidos al instante, debido al cansancio de todo el viaje.

A la mañana siguiente me desperté sobre las 8, era un día caluroso así que me puse unos shorts tejanos un poco rotos y una camiseta de tirantes blanca un poco holgada, y unas sandalias romanas blancas. Lucas llevaba unos pantalones verdes cortos, un polo blanco y sus bambas Converse blancas. Recogimos lo poco que habíamos desordenado la noche anterior y bajamos a desayunar a la cafetería del hotel, en la que había buffet libre.

-¿Qué haces cogiendo tanta comida? Eso no es nada sano. –dije a Lucas riéndome. Se había cogido de casi todo: salchichas, huevos revueltos, un poco de tortilla, yogurt...Yo, en cambio, había escogido un poco de fruta y un croissant de chocolate.

-Déjame tranquilo, comeré lo que yo crea necesario para sobrevivir un día de visitas turísticas. –bromeó él sonriéndome.

Después de zamparnos toda la comida que habíamos cogido, subimos a la habitación, cogimos las maletas y nos dirigimos a las oficinas de los apartamentos.

-¡Buenos días señores! ¿Les puedo ayudar en algo? –preguntó un muchacho diferente del que nos atendió ayer por la tarde.

-Buenos días. Sí, teníamos un apartamento reservado para ayer pero por un problema de unos inquilinos no nos pudimos alojar. –explicó Lucas brevemente.

-Ah…sí. El apartamento ya está listo, les acompañaré ya que es unas calles más arriba.

Después de esta breve charla, el muchacho nos acompañó a nuestro apartamento. Estaba en la tercera planta y a decir verdad, era muy bonito. La decoración era sencilla pero elegante y todo parecía estar puesto en orden cuidadosamente. El muchacho, llamado Kelvin, nos enseñó y explicó varias cosas que debíamos saber sobre el apartamento, que tenía dos habitaciones. Después de habernos dado algunos consejos, Kelvin se fue y nos instalamos en las habitaciones. Yo escogí la que estaba más cercana al baño. La pared estaba pintada de beige y había una cama de matrimonio grande, en la que cabíamos tres chicas como yo.

Terminé de instalarme y me senté a esperar en el sofá a que Lucas terminara, pero como tardaba tanto, bajé a comprar comida a un supermercado kosher cercano para el apartamento ya que tendríamos que comer allí durante varias semanas, o al menos cenar. Cuando hube terminado de comprar y llevaba varias bolsas de comida no me pude creer lo que vi o mejor dicho a quién vi.

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