Aquella mañana me desperté antes de que el despertador
de mi mesita de noche sonara. Estaba inmensamente feliz, después de varios años
intentando convencer a mis padres de que me dejaran pasar las vacaciones de
verano sola, lo había conseguido. ¡Por fin, mi hermano y yo cogeríamos un avión
hasta Nueva York para pasar todo el verano allí! Jamás hubiera imaginado todo
lo que me iba pasar tan inesperadamente. Solo pensaba que sería, ¿Cómo
decirlo…? EL MEJOR VERANO DE MI VIDA.
-¡Vamos Lucas! ¡No quiero llegar tarde al aeropuerto!
–dijo despertando a mi hermano.
-Voy… -respondió con su voz ronca mañanera. –Cinco minutos más, por favor.
-No, de eso nada. –dije riendo y pegándole con una
almohada. –¡Venga, levántate ya! No me hagas ir a por un cubo de agua, ya sabes
que soy capaz de tirártelo encima.
Lucas se levantó de un salto al oír a su hermana
amenazarle. Recordaba perfectamente aquella vez que Júlia le tiró agua encima
para levantarlo del sofá. Los dos hermanos bajaron a desayunar a la cocina
donde sus padres les esperaban somnolientos.
-¡Buenos días! –saludé alegremente mientras me cogía
una tostada.
-Buenos días chicos, ¿Habéis podido dormir? –preguntó
papá con cierta sorna.
-Por supuesto que sí. No ha supuesto ningún problema.
–dijo Lucas con indiferencia.
-Pues yo no he dormido casi en toda la noche –expliqué
sonriendo. –¡Los nervios me comen por dentro!
-Bueno chicos, será mejor que subáis y os vistáis, no
querréis perder el avión, ¿Verdad? –dijo mamá dando un último sorbo a su taza
de café humeante.
Subimos a nuestras habitaciones y nos vestimos
rápidamente. Me puse mis shorts favoritos, que eran de un color muy clarito,
una camiseta roja holgada con un dibujito de los Angry Birds metida por dentro de los shorts, mis Converse blancas y mis gafas de sol Ray-Ban negras. Me había dejado suelto
mi largo y ondulado pelo castaño. Terminé de recoger todo, bajé mi maleta al
salón y esperé hasta que llegó Lucas con su pesada maleta. Él iba vestido con
una camisa de cuadros roja (se la había dejado abierta y dejaba ver la camiseta
gris básica de pico que llevaba debajo), unos vaqueros largos, unas bambas Nike y su chaqueta gris. Lucas tampoco
se había olvidado sus gafas de sol, también unas Ray-Ban negras.
-Chicos, si estáis listos, ya nos podemos ir. –dijo
papá, cuando de repente mamá interrumpió y me hizo subir a buscar una chaqueta
para el avión. Decidí que fuese mi chaqueta tejana de la Levi’s.
Papá y mamá nos llevaron al aeropuerto, y nos
acompañaron durante la facturación de maletas del aeropuerto del Prat. Era
increíblemente grande y estaba repleto de toda clase de gente: empresarios
atareados hablando por el móvil con una mano y arrastrando con la otra su
pequeña maletita, misteriosos excursionistas que llevaban sus grandes y
abultadas mochilas de montaña, familias enteras con toneladas de equipaje…
Facturamos las maletas y nuestros padres nos acompañaron hasta el control de
seguridad, donde se despidieron ya que no podían pasar de allí.
-Mis niños, os vamos a echar muchísimo de menos. –dijo
mi madre abrazándonos a la vez.
-Y nosotros a también. –dijimos Lucas y yo a la vez.
Nos dimos unos grandes abrazos todos juntos, y después
de que papá y mamá nos dieran varios consejos y advertencias, pasamos por el
control de seguridad, emocionados. El aeropuerto del Prat era inmenso pero por
suerte había diversos carteles que te indicaban hacia donde te tenías que
dirigir. Nuestro vuelo hasta Nueva York, desgraciadamente, no era directo.
Teníamos que hacer un transborde en el aeropuerto Charles-de-Gaulle, París y
desde allí cogeríamos otro hasta el JFK de Nueva York. Lucas miró en el panel
de vuelos y me dijo que el nuestro salía a las 11.45, por lo tanto tendríamos
que embarcar a las 11.15. Miré mi reloj, aún eran las 10.30, por lo tanto nos
quedaba un rato para mirar las tiendas e ir al servicio. Hacia las 11 nos
dirigimos a la puerta de embarque que habían asignado al vuelo, y nos sentamos
a esperar en las butacas. Lucas, cómo no, había sacado su PSP y se había puesto
a jugar. Yo, en cambio, decidí escuchar música mientras que esperábamos para
embarcar. Encendí mi móvil y la primera canción que me salió fue Viva la vida de Coldplay. Me encantaba esa canción, me animaba siempre. De repente,
mis pensamientos fueron interrumpidos por una voz en megafonía que nos
anunciaba algo. Me saqué los auriculares de las orejas y presté atención:
-Pasajeros con el número de vuelo 6401 destino al
aeropuerto Charles-de-Gaulle, París, en seguida comenzaremos a embarcar. De
momento, sólo embarcaran los pasajeros que tengan el número de butaca entre el
15 y el 30. –dijo una voz femenina a través del megáfono.
Repitió varias veces el anuncio. Nosotros teníamos los
números de butaca 17 A y 17 B. Así que cogimos nuestro equipaje de mano y nos
dirigimos a la larga cola que se estaba formando delante del mostrador. La cola
se fue avanzando poco a poco hasta que llegó nuestro turno. Una amable muchacha
nos atendió y con su habitual sonrisa nos deseó buen viaje. Avanzamos
emocionados por el finger, cuando
llegamos al avión las azafatas y demás tripulación nos saludaron y desearon de
nuevo buen viaje. Lucas subió el equipaje de mano a la bandeja y nos sentamos
en nuestras butacas correspondientes.
-Júlia, ¿Tienes un chicle? –me preguntó Lucas.
-Sí, creo que sí. –contesté rebuscando en mi mochila.
–Toma –dije tendiéndole el chicle.
-Gracias, no quiero que se me taponen los oídos.
–respondió sonriéndome y masticando el chicle de menta.
El avión despegó más o menos puntual y el vuelo se me
hizo corto, tardamos poco más de una hora en llegar al aeropuerto. Lo peor era
que tendríamos que esperar una hora y media más para coger el siguiente vuelo.
Estuvimos sentados en un banco charlando animadamente, cuando una chica de
estatura mediana y pelo largo rubio se acercó a Lucas. Le preguntó la hora y él
se quedó embobado. Yo me reía por dentro. Sí, la verdad es que la chica era muy
guapa. Lucas soltó un par de chistes tontos y la chica se quedó a hablar con
nosotros. Al parecer se llamaba Noah, era neoyorquina pero hablaba español
perfectamente. Curiosamente iba a coger el mismo vuelo que nosotros. Me pareció
bastante simpática y sociable.
-Así que, ¿Vuelves a Nueva York después de haber
vivido en París todo el año? –preguntó Lucas interesado.
-Sí, jeje. He estado viviendo en París todo el año,
estudiando pero ahora vuelvo a casa para pasar todo el verano con mi familia,
allí, en Nueva York. –explicó sonriente.
-Y, ¿Qué estudias? –pregunté yo.
-He estado estudiando el primer año de universidad de
la carrera de Ciencias Empresariales. Cuando termine volveré a Nueva York para
trabajar en la empresa de mi padre.
-¡Vaya eso es genial! –expresó Lucas entusiasmado. A
él siempre le habría gustado hacer esa carrera, así que estaba ahorrando para
pagársela ya que era carísima.
-Y vosotros, ¿Qué estudiáis? –preguntó curiosa Noah.
-Acabamos de terminar lo que en España se llama el
Bachillerato, que son los dos años previos a comenzar la universidad. Yo he
estudiado el social, y Júlia el científico. –respondió Lucas por los dos.
-Sí, a mí me gustaría ser cirujana y a Lucas
empresario. –terminé de aclarar.
-¡Me alegro mucho por los dos! ¿Ya habéis hecho los
exámenes de selectividad y todo? –volvió a preguntar Noah.
-Sí, de hecho hemos aprobado. –contesté yo.
-Y con nota, jeje. –continuó Lucas.
Estuvimos charlando de diversos temas: deportes,
estudios, moda, cine… Al parecer, teníamos gustos muy parecidos y Noah era una
chica muy maja. Media hora antes de que el avión despegase nos volvimos a
sentar en unas butacas los tres juntos y continuamos charlando. Nos volvieron a
llamar por megafonía y embarcamos de nuevo. El viaje no se me hizo muy largo
aunque, en realidad, lo era: seis horas sentadas en una butaca sin moverte
casi. Por suerte, cada butaca tenía delante una pequeña pantallita donde podías
ver películas, series, programas… Yo escogí la última película de Harry Potter, eran mis favoritas.
Después vi algunos capítulos de Los
Simpson, una serie que también me encantaba. Estuve unas dos horas viendo
capítulo hasta que me harté y decidí dormir un poco. Después de seis horas
sentada sin haber ido siquiera al baño, mi culo estaba machacado pero mi
emoción e ilusión por llegar a Nueva York seguía ahí. Bajamos del avión y nos
dirigimos a recoger las maletas. Noah venía con nosotros y charlaba
animadamente con Lucas, parecía que habían congeniado de maravilla. Los tres
nos habíamos hecho muy amigos. A la salida del aeropuerto nos intercambiamos
los teléfonos móviles y nos prometimos llamarnos para quedar.
-¡Ha sido un placer conoceros chicos! Sois geniales.
–dijo Noah y abrazó a Lucas. –Júlia, prométeme que me llamarás. –dijo
abrazándome a mí también.
-¡Por supuesto Noah! –prometí sonriente.
Cuando nos terminamos de despedir, fuimos a buscar un
taxi y le dimos la dirección de nuestro apartamento. Lucas, que es un friki de
la fotografía, le pidió expresamente al taxista que pasase por el puente de
Brooklyn para poder fotografiar el atardecer de Nueva York. El taxista, paró en
el puente y Lucas sacó de la funda su querida Nikon e hizo diversas fotos del atardecer. El taxista nos dejó en
frente del apartamento donde nos esperaba una sorpresa un tanto desagradable.
Hola :)
ResponderEliminarMe encanta el blog y la historia! ^^
Sigue escribiendo así de bien :D
Besos :*
¡Muchísimas gracias! Y me alegro mucho de que te guste la historia :D
EliminarBesos^^
Jejeje :D
EliminarEs simplemente, buenísima la historia :)
Besos^^
Gracias, de nuevo.¡A mí también me encanta tu blog!
EliminarPoon más,esta super bien!¿Cómo escribes tan bien?
ResponderEliminarsigue asi (L)
Saludos y un beso!:)
¡Vaya, muchísimas gracias!
EliminarBesos :)