-¿Lista para la excursión, hermanita?
–preguntó alegre.
-¡Menudo buen humor tienes hoy, eh! –exclamé
sonriente. Asintió riéndose. –Por supuesto, yo estoy lista ¿y tú?
-¿Yo? Preparadísimo. Cuando quieras nos
vamos. –repuso orgulloso.
-¿Si o qué? Entonces, supongo que habrás
cogido la crema del sol, ¿no? Ya sabes qué te sueles achicharrar. –reí yo
sentándome en el sofá a su lado.
-Pues claro que la he cogido, ¿dudabas de mí,
hermanita? –dijo él. –Ahora vuelvo, voy a ir a por… al baño.
Se levantó del sofá y se fue. Reí para mí
misma. Ai, mi hermano… Nunca cambiaría. Volvió a los 5 minutos con su cámara Nikon en las manos y se acercó al sofá
dispuesto a sentarse de nuevo. Rebuscaba por su mochila inquietamente. Solté
una carcajada y me miró con cara de sorpresa.
-¿Y tú de qué te ríes, petarda? –preguntó
alzando una ceja.
-De ti. –reí yo. Saqué de mi mochila la crema
solar y se la enseñé. – ¿Buscabas esto?
-¿Qué? Eh, no. Para nada. –mintió él. Yo
seguía riéndome de sus mentiras. – ¿Qué haces tú con mi crema solar?
-Eres tan mentiroso como despistado,
hermanito. –dije riéndome. Me miró mal fingiendo estar enfadado y le di el
bote. –Anda, toma. Despistado, que eres un despistado.
Se burló sacándome la lengua y nos reímos los
dos. Justo en ese momento picaron al timbre y bajamos a abrir. Era Will.
Salimos del portal y corrí a abrazarle. Abrió los brazos agarrándome mientras
me levantaba y me daba vueltas.
-Hola, preciosa. ¿Lista? –saludó Will con una
de sus perfectas sonrisas. Asentí devolviéndole la sonrisa y mi hermano
carraspeó.
-Hola, chicos. Estoy aquí, ¿eh? –ironizó él.
-Ya lo sabemos, Lucas. –bromeé pero pareció
tomárselo en serio. –Sólo que no nos importa.
Will asintió y mi hermano nos miró mal
cruzándose de brazos. Soltamos una leve carcajada y fuimos a abrazarle pero se
apartó.
-No seas tonto, Lucas. Sí te queremos mucho.
–dijo Will y asentí. Sonrió levemente y abrió los brazos para que le
abrazásemos pero, de pronto nos pellizcó.
-Auuu. –gritamos Will y yo a unísono.
-¿Por qué nos pellizcas? –pregunté frotándome
la zona donde me había pellizcado.
-Porque os la debía. –sonrió maléficamente.
-Ya te la devolveré… –dije en un susurro.
-¿Decías algo, Juli? –preguntó mi hermano aún
con esa sonrisa.
-Nada, nada…
-Bueno, ¿vamos a por Noah? –preguntó de
repente Will.
-¡Sí! –exclamó Lucas con la misma alegría que
tiene un niño cuando le regalan un juguete nuevo.
Nos reímos de su entusiasmo y fuimos hacia el
coche. Will condujo hasta la mansión de Noah guiado por mi hermano, que parecía
conocerse la ciudad como si hubiese vivido allí toda la vida. A pesar de haber
ido antes a la mansión de mi amiga, seguía sorprendiéndome su esplendor. Lucas
se bajó del coche y fue a picar al timbre mientras Will y yo aguardábamos en el
coche. Al poco rato aparecieron mi hermano y su novia y subieron al coche.
Íbamos Will conduciendo y yo en el asiento del copiloto. Y mi hermano y Noah
detrás. Después de saludarnos, Will arrancó el coche y nos dirigimos hacia el Lago Minnewaska. Tras unas horas de
camino, al fin llegamos. Aparcamos el coche en un buen sitio y salimos. Cuando
salí del coche una bofetada de calor golpeó mi cara después de haber estado
tanto rato con el aire acondicionado encendido. Cogimos las mochilas donde
llevábamos todo lo necesario para pasar allí el día. Me quedé maravillada ante
aquel paisaje, era increíblemente precioso. Un enorme lago rodeado de bosque y
más bosque. Parecía interminable. No pude evitar expresar mi admiración.
-¿Es bonito, verdad? –preguntó Will al ver mi
reacción. Sacudí la cabeza y le miré.
-¿Bonito? Esto es precioso. Jamás había visto
algo tan bello. –expresé.
-Suelo venir aquí todos los años. Me encanta
este lugar. –explicó Will.
Comenzamos a caminar, rodeando todo el lago.
La verdad es que había varios quilómetros pero era tan bonito que no importaba.
Se respiraba aire puro. Plena naturaleza. Durante el camino fui hablando con
Noah la mayor parte del tiempo, mientras los chicos iban por detrás buscando
bichos.
-¿Habías estado aquí antes, Noie? –pregunté a
mi amiga.
-No, la verdad es que no. No suelo salir de
la ciudad. Y es una pena porque todo esto es precioso. En realidad, me encanta
la naturaleza. –me contó ella un poco apenada.
-Oh, vaya… ¿Tus padres no te solían llevar a
ningún lugar parecido a este? –pregunté curiosa. -En este país hay millones de
parques naturales y todo eso.
-Mis padres siempre andan ocupados
trabajando, Juli. Cuando era pequeña nos llevaron una vez a un camping a mis
hermanas y a mí pero, normalmente no íbamos.
-¿Y qué hacías durante todo el verano? ¿Te
quedabas en la ciudad?
-En realidad, no. Pasábamos las primeras
semanas en casa y cuando mis padres tenían vacaciones viajábamos a distintas
ciudades del país o a otros países. Todo esto fue hasta que tuve 14 o 15 años.
A partir de esa edad, me dejaban sola en casa los veranos o iba a Carolina del Sur con unas amigas a una
casa en la playa.
-Tienes mucha suerte, Noie. –dije mostrándole
mi sonrisa.
-Tengo suerte de haberos conocido, Juli. A ti
y a tu hermano, y a Will también. Eres la mejor amiga que jamás había tenido,
en serio. –se sinceró ella. Le abracé fuertemente. Era tan buena. Me encantaba
esta chica, sobre todo para mi hermano.
-No puedo decir menos, cariño. Este verano no
sería lo mismo sin vosotros. Me alegro muchísimo de que nos hayamos conocido.
–respondí sonriéndole.
El resto del trayecto fuimos hablando
mientras los chicos intentaban, sin éxito, asustarnos con los bichos que
cazaban.
-Hombres… Como son. –suspiró Noah después de
que Lucas intentara ponerle una especie de cucaracha en el hombro por quinta
vez.
-Y que lo digas, Noah. –afirmé yo riéndome.
Tardamos una hora y pico en rodear todo el
lago. Pero el paisaje hacía que el paseíto mereciera la pena. Había una pequeña
playita en el lago con una especie de pasarela. Estaba lleno de familias con
niños pequeños bañándose en el lago y disfrutando del verano. Escogimos un
lugar un poco apartado de la gente para poner nuestras cosas. Noah y yo nos
tumbamos a tomar el sol. No había ni una sola nube en el cielo, estaba
completamente despejado. El sol brillaba potentemente, por lo que hacía
muchísima calor. Me había traído un libro que hacía tiempo que no leía y quería
retomar la lectura. Se llamaba Bajo la
misma estrella, trataba de una adolescente con cáncer que tiene una visión
peculiar de ver las cosas. Y bueno, a esta chica le van sucediendo distintas
cosas durante el libro. Empecé a leerlo, llevaba unos 9 o 10 capítulos leídos.
Me había sumergido en las palabras por lo que no vi venir a Will. Se puso encima
de mí estando empapado de pies a cabeza. Un escalofrío recorrió todo mi cuerpo
cuando su mojada piel hizo contacto con la mía. No sabía si era porque era él o
porque estaba frío.
-¡Quita de encima, Will! –chillé pero no me
hizo caso. Él seguía tumbado sobre mí como si nada. –Venga, quita. Me estás
aplastando todos los huesos posibles.
-Me quitaré
con una condición. –repuso seguro de sí mismo.
-¿Una condición? ¿Cuál? –pregunté intrigada.
-A cambio de que dejes ese libro y corras
hacia el lago para bañarte conmigo.
-¿Qué? No, Will. El agua debe de estar
helada. –dije nerviosa.
-En ese caso, me quedaré aquí. Por mí no hay
ningún problema.
-Vale, iré pero no me salpiques agua. –acepté
a regañadientes.
Se levantó con una sonrisa satisfecha en su
cara y me tendió la mano para levantarme. La tomé y fuimos de la mano hasta la
pasarela desde donde la gente se tiraba al agua. Allí estaban Lucas y Noah
jugando a tirarse mutuamente. El agua tenía pinta de estar congelada. Will me
miró preguntando con la mirada y negué con la cabeza. De repente, me cogió en
brazos mientras yo pataleaba, se iba acercando cada vez más al borde de la
pasarela, dispuesto a tirarnos.
-Lo prometido es deuda, cariño. –eso fue lo
último que dijo antes de que nos zambulléramos en la fría agua del lago.
Se te paraba la circulación con esa agua tan
fría pero a la vez era tan relajante. Hacía que se te olvidase todo. Caí en la
cuenta de que aún estaba agarrada a mi novio. No me había soltado desde que nos
había tirado al agua. Estuvimos el resto de la mañana y parte de la tarde en
aquella pequeña playita del lago. Jugando los cuatro juntos y riéndonos sin
parar. Cuando ya eran las 7 o así decidimos que debíamos irnos ya porque estaba
empezando a oscurecer y había varias horas de regreso a casa. Subimos al coche
y cuando Will lo arrancó, el coche hizo un extraño sonido y no se puso en
marcha. Siguió intentándolo un par de veces más pero no lo consiguió. Genial,
el coche no funcionaba.
-¿Qué ocurre, tío? –preguntó mi hermano
confundido a Will desde el asiento de atrás.
-El coche no arranca. –explico Will abriendo
la puerta y saliendo fuera. Le seguimos los tres. Abrió el capó del coche
examinando qué podía haber fallado. –Se ha quedado sin batería. Está
completamente descargado.
-Mierda, ¿y ahora qué hacemos? –pregunté
nerviosa. –No hay nadie que nos pueda ayudar, ya se ha ido todo el mundo.
-¿Y si probamos a llamar a la grúa? –propuso
Noah sacando el móvil. Asentimos los tres mientras sacaba el móvil y lo miraba
detenidamente. –Genial, aquí no hay cobertura.
-Pues, tendremos que pasar aquí la noche,
chicos. –dijo mi hermano cruzándose de hombros.
-¿Cómo? –gritamos Noah y yo a la vez
sorprendidas. –Pero si no hay sitio suficiente en el coche.
-Lo que habéis oído, chicas. No os preocupéis
por eso. Tengo unas tiendas de campaña en el maletero del coche. Tendremos que
acampar aquí.
Oh,oh problemas con el coche+Acampada en el lago= Party!!!! Jajaja me ha encantado! Siguela linda,te quiero...besos :D
ResponderEliminarJajjaja por supuesto :) Gracias guapa xxx
ResponderEliminarBesis,tequiero*-*
De nada,solo digo la verdad besos también para ti te quiero más!
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