domingo, 16 de septiembre de 2012

Capítulo 14 Excursión al Lago Minnewaska.

Desperté un poco sobresaltada, había tenido una larga pesadilla. Me levanté de un salto y fui a buscar mi móvil, eran las 9.30 de la mañana. Recordé todo lo sucedido ayer, fueron muchas cosas. Después de haber tranquilizado a mi hermano, cené y me fui a dormir. Habíamos quedado en ir de excursión a un lago a pasar el día los cuatro: Noah, Will, Lucas y yo. Hice la cama y recogí mínimamente la habitación. Me vestí con ropa cómoda: unos pantalones cortos de chándal grises, una camiseta de tirantes blanca y mis Converse blancas. Nos íbamos a bañar en el lago así que me puse el bikini de topos azules y blancos debajo de la ropa. Desayuné mucho aquella mañana, quería estar preparada para la excursión. Desperté a Lucas, que como siempre, era el último. Mientras se vestía fui a preparar unos bocadillos para llevarnos. Guardé todo lo necesario en mi mochila y cuando salí al salón, vi que Lucas ya estaba vestido viendo la tele.

-¿Lista para la excursión, hermanita? –preguntó alegre.

-¡Menudo buen humor tienes hoy, eh! –exclamé sonriente. Asintió riéndose. –Por supuesto, yo estoy lista ¿y tú?

-¿Yo? Preparadísimo. Cuando quieras nos vamos. –repuso orgulloso.

-¿Si o qué? Entonces, supongo que habrás cogido la crema del sol, ¿no? Ya sabes qué te sueles achicharrar. –reí yo sentándome en el sofá a su lado.

-Pues claro que la he cogido, ¿dudabas de mí, hermanita? –dijo él. –Ahora vuelvo, voy a ir a por… al baño.

Se levantó del sofá y se fue. Reí para mí misma. Ai, mi hermano… Nunca cambiaría. Volvió a los 5 minutos con su cámara Nikon en las manos y se acercó al sofá dispuesto a sentarse de nuevo. Rebuscaba por su mochila inquietamente. Solté una carcajada y me miró con cara de sorpresa.

-¿Y tú de qué te ríes, petarda? –preguntó alzando una ceja.

-De ti. –reí yo. Saqué de mi mochila la crema solar y se la enseñé. – ¿Buscabas esto?

-¿Qué? Eh, no. Para nada. –mintió él. Yo seguía riéndome de sus mentiras. – ¿Qué haces tú con mi crema solar?

-Eres tan mentiroso como despistado, hermanito. –dije riéndome. Me miró mal fingiendo estar enfadado y le di el bote. –Anda, toma. Despistado, que eres un despistado.

Se burló sacándome la lengua y nos reímos los dos. Justo en ese momento picaron al timbre y bajamos a abrir. Era Will. Salimos del portal y corrí a abrazarle. Abrió los brazos agarrándome mientras me levantaba y me daba vueltas.

-Hola, preciosa. ¿Lista? –saludó Will con una de sus perfectas sonrisas. Asentí devolviéndole la sonrisa y mi hermano carraspeó.

-Hola, chicos. Estoy aquí, ¿eh? –ironizó él.

-Ya lo sabemos, Lucas. –bromeé pero pareció tomárselo en serio. –Sólo que no nos importa.

Will asintió y mi hermano nos miró mal cruzándose de brazos. Soltamos una leve carcajada y fuimos a abrazarle pero se apartó.

-No seas tonto, Lucas. Sí te queremos mucho. –dijo Will y asentí. Sonrió levemente y abrió los brazos para que le abrazásemos pero, de pronto nos pellizcó.

-Auuu. –gritamos Will y yo a unísono.

-¿Por qué nos pellizcas? –pregunté frotándome la zona donde me había pellizcado.

-Porque os la debía. –sonrió maléficamente.

-Ya te la devolveré… –dije en un susurro.

-¿Decías algo, Juli? –preguntó mi hermano aún con esa sonrisa.

-Nada, nada…

-Bueno, ¿vamos a por Noah? –preguntó de repente Will.

-¡Sí! –exclamó Lucas con la misma alegría que tiene un niño cuando le regalan un juguete nuevo.

Nos reímos de su entusiasmo y fuimos hacia el coche. Will condujo hasta la mansión de Noah guiado por mi hermano, que parecía conocerse la ciudad como si hubiese vivido allí toda la vida. A pesar de haber ido antes a la mansión de mi amiga, seguía sorprendiéndome su esplendor. Lucas se bajó del coche y fue a picar al timbre mientras Will y yo aguardábamos en el coche. Al poco rato aparecieron mi hermano y su novia y subieron al coche. Íbamos Will conduciendo y yo en el asiento del copiloto. Y mi hermano y Noah detrás. Después de saludarnos, Will arrancó el coche y nos dirigimos hacia el Lago Minnewaska. Tras unas horas de camino, al fin llegamos. Aparcamos el coche en un buen sitio y salimos. Cuando salí del coche una bofetada de calor golpeó mi cara después de haber estado tanto rato con el aire acondicionado encendido. Cogimos las mochilas donde llevábamos todo lo necesario para pasar allí el día. Me quedé maravillada ante aquel paisaje, era increíblemente precioso. Un enorme lago rodeado de bosque y más bosque. Parecía interminable. No pude evitar expresar mi admiración.

-¿Es bonito, verdad? –preguntó Will al ver mi reacción. Sacudí la cabeza y le miré.

-¿Bonito? Esto es precioso. Jamás había visto algo tan bello. –expresé.

-Suelo venir aquí todos los años. Me encanta este lugar. –explicó Will.

Comenzamos a caminar, rodeando todo el lago. La verdad es que había varios quilómetros pero era tan bonito que no importaba. Se respiraba aire puro. Plena naturaleza. Durante el camino fui hablando con Noah la mayor parte del tiempo, mientras los chicos iban por detrás buscando bichos.

-¿Habías estado aquí antes, Noie? –pregunté a mi amiga.

-No, la verdad es que no. No suelo salir de la ciudad. Y es una pena porque todo esto es precioso. En realidad, me encanta la naturaleza. –me contó ella un poco apenada.

-Oh, vaya… ¿Tus padres no te solían llevar a ningún lugar parecido a este? –pregunté curiosa. -En este país hay millones de parques naturales y todo eso.

-Mis padres siempre andan ocupados trabajando, Juli. Cuando era pequeña nos llevaron una vez a un camping a mis hermanas y a mí pero, normalmente no íbamos.

-¿Y qué hacías durante todo el verano? ¿Te quedabas en la ciudad?

-En realidad, no. Pasábamos las primeras semanas en casa y cuando mis padres tenían vacaciones viajábamos a distintas ciudades del país o a otros países. Todo esto fue hasta que tuve 14 o 15 años. A partir de esa edad, me dejaban sola en casa los veranos o iba a Carolina del Sur con unas amigas a una casa en la playa.

-Tienes mucha suerte, Noie. –dije mostrándole mi sonrisa.

-Tengo suerte de haberos conocido, Juli. A ti y a tu hermano, y a Will también. Eres la mejor amiga que jamás había tenido, en serio. –se sinceró ella. Le abracé fuertemente. Era tan buena. Me encantaba esta chica, sobre todo para mi hermano.

-No puedo decir menos, cariño. Este verano no sería lo mismo sin vosotros. Me alegro muchísimo de que nos hayamos conocido. –respondí sonriéndole.

El resto del trayecto fuimos hablando mientras los chicos intentaban, sin éxito, asustarnos con los bichos que cazaban.

-Hombres… Como son. –suspiró Noah después de que Lucas intentara ponerle una especie de cucaracha en el hombro por quinta vez.

-Y que lo digas, Noah. –afirmé yo riéndome.

Tardamos una hora y pico en rodear todo el lago. Pero el paisaje hacía que el paseíto mereciera la pena. Había una pequeña playita en el lago con una especie de pasarela. Estaba lleno de familias con niños pequeños bañándose en el lago y disfrutando del verano. Escogimos un lugar un poco apartado de la gente para poner nuestras cosas. Noah y yo nos tumbamos a tomar el sol. No había ni una sola nube en el cielo, estaba completamente despejado. El sol brillaba potentemente, por lo que hacía muchísima calor. Me había traído un libro que hacía tiempo que no leía y quería retomar la lectura. Se llamaba Bajo la misma estrella, trataba de una adolescente con cáncer que tiene una visión peculiar de ver las cosas. Y bueno, a esta chica le van sucediendo distintas cosas durante el libro. Empecé a leerlo, llevaba unos 9 o 10 capítulos leídos. Me había sumergido en las palabras por lo que no vi venir a Will. Se puso encima de mí estando empapado de pies a cabeza. Un escalofrío recorrió todo mi cuerpo cuando su mojada piel hizo contacto con la mía. No sabía si era porque era él o porque estaba frío.

-¡Quita de encima, Will! –chillé pero no me hizo caso. Él seguía tumbado sobre mí como si nada. –Venga, quita. Me estás aplastando todos los huesos posibles.

-Me quitaré  con una condición. –repuso seguro de sí mismo.

-¿Una condición? ¿Cuál? –pregunté intrigada.

-A cambio de que dejes ese libro y corras hacia el lago para bañarte conmigo.

-¿Qué? No, Will. El agua debe de estar helada. –dije nerviosa.

-En ese caso, me quedaré aquí. Por mí no hay ningún problema.

-Vale, iré pero no me salpiques agua. –acepté a regañadientes.

Se levantó con una sonrisa satisfecha en su cara y me tendió la mano para levantarme. La tomé y fuimos de la mano hasta la pasarela desde donde la gente se tiraba al agua. Allí estaban Lucas y Noah jugando a tirarse mutuamente. El agua tenía pinta de estar congelada. Will me miró preguntando con la mirada y negué con la cabeza. De repente, me cogió en brazos mientras yo pataleaba, se iba acercando cada vez más al borde de la pasarela, dispuesto a tirarnos.

-Lo prometido es deuda, cariño. –eso fue lo último que dijo antes de que nos zambulléramos en la fría agua del lago.

Se te paraba la circulación con esa agua tan fría pero a la vez era tan relajante. Hacía que se te olvidase todo. Caí en la cuenta de que aún estaba agarrada a mi novio. No me había soltado desde que nos había tirado al agua. Estuvimos el resto de la mañana y parte de la tarde en aquella pequeña playita del lago. Jugando los cuatro juntos y riéndonos sin parar. Cuando ya eran las 7 o así decidimos que debíamos irnos ya porque estaba empezando a oscurecer y había varias horas de regreso a casa. Subimos al coche y cuando Will lo arrancó, el coche hizo un extraño sonido y no se puso en marcha. Siguió intentándolo un par de veces más pero no lo consiguió. Genial, el coche no funcionaba.

-¿Qué ocurre, tío? –preguntó mi hermano confundido a Will desde el asiento de atrás.

-El coche no arranca. –explico Will abriendo la puerta y saliendo fuera. Le seguimos los tres. Abrió el capó del coche examinando qué podía haber fallado. –Se ha quedado sin batería. Está completamente descargado.

-Mierda, ¿y ahora qué hacemos? –pregunté nerviosa. –No hay nadie que nos pueda ayudar, ya se ha ido todo el mundo.

-¿Y si probamos a llamar a la grúa? –propuso Noah sacando el móvil. Asentimos los tres mientras sacaba el móvil y lo miraba detenidamente. –Genial, aquí no hay cobertura.

-Pues, tendremos que pasar aquí la noche, chicos. –dijo mi hermano cruzándose de hombros.

-¿Cómo? –gritamos Noah y yo a la vez sorprendidas. –Pero si no hay sitio suficiente en el coche.

-Lo que habéis oído, chicas. No os preocupéis por eso. Tengo unas tiendas de campaña en el maletero del coche. Tendremos que acampar aquí.

3 comentarios:

  1. Oh,oh problemas con el coche+Acampada en el lago= Party!!!! Jajaja me ha encantado! Siguela linda,te quiero...besos :D

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  2. Jajjaja por supuesto :) Gracias guapa xxx
    Besis,tequiero*-*

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    1. De nada,solo digo la verdad besos también para ti te quiero más!

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